lunes, 18 de agosto de 2008

¿Es mejor esperar o andar?

Aquella mujer siempre estaba sentada en el banco de piedra frente a su casa. La hora no importaba, la climatología tampoco. Sola.

Al llegar a su altura la pregunta era obligada: "¿Niña, que hora llevas?". Y amablemente respondía con la hora que era.

Su casa al pasar al instituto, al médico, al autobus, al barco... estaba siempre en mi camino hacia cualquier parte. Y la misma pregunta todos los días y en cualquier momento: la hora.




Cuando descubrí que no era la única a la que preguntaba la hora dejé de sentirme especial o obligada a contestar, había más con relojes. Me cerré en banda y pasaba cada día a su lado diciendo no tengo reloj mientras lo escondía bajo el jersey.

Un día no la ví. Dejó de esperar, lo que estaba esperando había llegado. La eché de menos, me arrepentí de la ira infantil que me impidió entender qué hacía aquella mujer esperando sentada en su banco de piedra mientras los demás pasabamos andando delante de ella.

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